Comer bien no tiene por qué significar pesar la comida ni contar cada caloría. Pensar en proporciones sencillas suele bastar para montar comidas saciantes y equilibradas.
Imagina el plato
Llena la mitad del plato con verduras y fruta, de varios colores. Reserva un cuarto para cereales integrales como arroz integral, avena, bulgur o pan integral, y el último cuarto para una proteína como legumbres, lentejas, huevos, pescado o aves.
Añade los toques finales
Un poco de grasa saludable, como aceite de oliva, frutos secos o semillas, ayuda a que la comida sacie y apoya al cuerpo. Hacer del agua tu bebida por defecto es una de las mejoras más fáciles.
Hazlo realista
Las proporciones son una guía, no una regla. Algunas comidas no encajarán del todo en la imagen, y no pasa nada. Buscar este equilibrio la mayor parte del tiempo, sin dejar de disfrutar de lo que te gusta, es mucho más sostenible que intentar ser perfecto en cada comida.
