Conocer tu tipo de piel hace mucho más fácil elegir productos que te vayan bien, en lugar de ir a ciegas. La piel también puede cambiar con las estaciones, la edad y el entorno, así que conviene revisarlo de vez en cuando.
Una prueba sencilla
Lávate la cara con un limpiador suave y luego déjala sin nada durante una hora, sin aplicar ningún producto. Fíjate en cómo la sientes después. Una piel que se nota tirante y se ve descamada tiende a seca, mientras que un brillo en la frente, la nariz y el mentón apunta a piel grasa. Una mezcla, grasa en el centro y más seca en las mejillas, se llama piel mixta y es muy común.
Piel sensible
La sensibilidad es algo distinto. Si tu piel a menudo escuece, se enrojece o reacciona a productos nuevos, tratarla con suavidad e introducir cambios poco a poco suele ayudar más que cualquier producto concreto.
Por qué importa
Una vez que conoces tu tipo, puedes elegir texturas que funcionen con tu piel: fórmulas más ligeras y sin aceite para la piel grasa, y cremas más ricas para la seca. Si tu piel es difícil de interpretar o una preocupación vuelve una y otra vez, un profesional puede ayudarte a entenderla y a encontrar una rutina que encaje.
