Proteger tu piel del sol es uno de los hábitos más sencillos y valiosos que puedes crear. Cuida la salud de la piel a largo plazo y ayuda a que se vea lo mejor posible.
Haz del protector solar un hábito
Usa un protector solar de amplio espectro con SPF 30 o más en cualquier piel que la ropa no cubra. Aplica una capa generosa, porque una fina protege menos de lo que promete la etiqueta, y vuelve a aplicarlo cada par de horas al aire libre, y tras bañarte o sudar.
Aprovecha la sombra y las prendas
El protector solar funciona mejor junto a otros hábitos sencillos. Buscar la sombra en las horas de más sol del mediodía, y llevar sombrero y gafas de sol, reducen cuánto sol llega a tu piel y tus ojos.
Recuerda los momentos fáciles de olvidar
La protección solar no es solo para los días de playa. Las nubes dejan pasar mucha luz, y el tiempo cotidiano al aire libre se acumula con los años. Incorporar el protector solar a tu rutina de la mañana hace que deje de ser algo en lo que tengas que pensar. Si notas un lunar o una zona de la piel que está cambiando, pide que te la revise un profesional.
